Abuso Sexual infantil

Los abusos sexuales en la infancia se definen a partir de dos conceptos: el de dominación y el de la diferencia de edad entre agresor y víctima. La dominación o coerción debe ser considerada en sí misma una conducta abusiva y la diferencia de edad impide la verdadera libertad de decisión. También existen abusos sexuales hacia personas discapacitadas cuando, aunque no haya diferencia de edad, su discapacidad les impide tomar la decisión de elegir tener relaciones sexuales.

El ASI sucede en la mayoría de los casos dentro de un grupo social conocido, ya sea la familia –en muchos casos- u otro grupo al que se está acostumbrado a concurrir (escuela, club, amigos, etc.) y donde se comparten actividades.

Al abuso se lo debe conceptualizar como un proceso que se va instalando a través del tiempo y que consta de varias etapas, las cuales tienen como objetivo, por parte del responsable, ganar la confianza de la persona a ser abusada e ir logrando un mayor acercamiento, para obtener finalmente la convicción en la persona abusada de que él realmente quiere lo que el abusador le hace. Esto es lo que dificulta que cuente lo que le está ocurriendo de manera verbal y explícita, pero sí lo hace de manera simbólica con cambios actitudinales.

Lo que se puede observar en las personas que han sido abusados es que las mujeres tienden a presentar más reacciones ansioso-depresivas y los varones tiende al mayor fracaso escolar y dificultades de socialización.

Hay efectos iniciales, que incluso pueden aparecen durante los dos años siguientes a la agresión.

Hacia el agresor y/o familiares: desconfianza, miedo, hostilidad, abandono del hogar, conducta antisocial.

Hacia sí mismo/a: vergüenza, culpa, estigmatización, baja autoestima.

Tono afectivo: ansiedad, angustia, depresión, etc. Alrededor del 25% sufre sentimientos de depresión.

Sexualidad: exceso de curiosidad, precocidad de conductas, prostitución infantil. Entre el 27% y el 40% pone de manifiesto algún tipo de conducta sexual anormal.

También puede provocar problemas en el sueño y/o alimentación, problemas escolares y falta de concentración.

EFECTOS A LARGO PLAZO: ANSIEDAD Y DEPRESIÓN

La depresión es la patología más claramente relacionada con los abusos sexuales. Los estudios efectuados al respecto muestran que quienes los sufrieron durante la infancia es más probable que tengan depresiones durante la vida adulta.

Las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y los suicidios consumados también son más probables en quienes han sido víctimas de abusos sexuales.

Los abusos sexuales provocan también sentimientos de estigmatización, aislamiento y marginalidad que disminuyen, con frecuencia, la autoestima de quienes los sufrieron.

La ansiedad, la tensión y las dificultades en los hábitos de alimentación están asociadas también con mayor frecuencia a este tipo de traumas infantiles.

Las dificultades de tipo relacional, en especial con los hombres, los padres o los propios hijos, acompañan también, con cierta frecuencia, estas sintomatologías. Es frecuente que la víctima sienta hostilidad hacia las personas del mismo sexo que el agresor.

La víctima de abusos sexuales en la infancia está también más predispuesta a sufrir abusos sexuales, por su pareja u otros, cuando es adulta.

También se han confirmado otros efectos relacionados con la sexualidad: dificultad para relajarse, anorgasmia, promiscuidad, explotación sexual, etc. Según López y Del Campo, todo parece indicar que "las víctimas de abusos sexuales durante la infancia tienen más dificultades sexuales y disfrutan menos con la actividad sexual".

La reacción de quienes se enteran de que alguien ha sido víctima de abusos sexuales suele ser creer a la víctima, pero suelen limitarse a escuchar o dar apoyo emocional, lo cual resulta insuficiente.

¿CÓMO DETECTAR UN CASO DE ABUSO?

Indicadores físicos: aunque con frecuencia los abusos sexuales no producen lesiones físicas, entre los indicadores y lesiones de este tipo de abuso se encuentran el sangrado en genitales o ano, las fisuras anales, los moretones, la infección urinaria y el dolor al sentarse o andar. Entre los indicadores físicos están, también, los problemas del sueño o alimentación y el embarazo en adolescentes.

Conductas: aislamiento social, desconfianza relacional, conocimiento y/o práctica de conductas sexuales no propias de la edad, lenguaje sexual, incremento de la actividad masturbatoria, agredir a otros, delincuencia y uso de drogas en la adolescencia, problemas escolares, etc.

Emociones: síntomas de ansiedad, terrores nocturnos, depresión, sentimiento de culpa, miedo a los adultos o a un adulto específico, agresión, conflictos con la familia o amigos.

¿QUÉ HACER ANTE UN POSIBLE CASO DE ABUSO?

Propiciar la confianza. Padres y educadores deben animarles a hablar ("Tené confianza en mí", "Podés contarme lo que sea", "Quiero escuchar lo que me querés decir", "Yo puedo ayudarte a solucionarlo").

Creer al niño. No hay que cuestionar la veracidad de los hechos porque cuando los niños cuentan un abuso, no mienten prácticamente nunca.

Decirle que no es culpable. Casi siempre muestran sentimientos de culpabilidad, por lo que es muy importante dejarle claro que él no tiene ninguna culpa, que el responsable es el agresor ("Vos no has hecho nada malo", "No es tu culpa", "Vos no has podido evitarlo).

Hacer que se sienta orgulloso por haberlo contado. Quienes comunican estos hechos son valientes ("Estoy muy orgulloso de vos por habérmelo contado", "Has sido muy valiente al contarme esto").

Asegurarle que no le ocurrirá nada, que el abuso no se repetirá y no habrá represalias ("Ahora que me lo has contado, ya no volverá a suceder").

Decirle que saldrá adelante ("Sé que ahora te sentís mal, pero te vamos a ayudar para que vuelvas a sentirte bien").

Expresarle afecto. Necesitan sentirse seguros y queridos, sobre todo en situaciones traumáticas como en los casos de abusos sexuales.

Hablar de lo ocurrido y del agresor. El niño debe reconocer sus sentimientos. Hay que animarle a hablar del abuso y hablar del agresor como alguien que necesita ayuda ("¿Querés contarme cómo ocurrió?”, "Te ha hecho algo malo, pero él también necesita ayuda para que no lo vuelva a hacer").

Comunicar el abuso a la familia o a los Servicios de Protección de Menores. Hay que informar a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo diferente del agresor. En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces. Si está implicado el padre, hay que comunicarlo a los Servicios de Protección de Menores para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien el abuso.

María Marta Castro Martín

Sexóloga Educativa - Acreditada por FESEA

 

 

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