Hay cierto criterio
usual en el común de la población en afirmar que las personas
discapacitadas carecen de deseos sexuales, o más aun,
que son asexuadas. La sexualidad de las personas con
discapacidad ha sido y es un tema controvertible. Pero debemos
dejar en claro que todos somos seres sexuados,
independientemente de nuestra condición mental o física. Todos
necesitamos del amor, de las caricias, y de recibir y brindar
afecto.
La sexualidad
evolucionó junto con la mentalidad del ser humano. Comenzó en la
prehistoria como una simple satisfacción del impulso
reproductivo. Luego ocupó un sitio en las creencias religiosas.
Más tarde fue perseguida y reprimida por la sociedad.
Actualmente, la
civilización intenta desarrollarla de una manera plena y
racional, para superar los excesos a los que ha conducido, en
parte, la revolución sexual de las tres últimas décadas.
El inicio del siglo XX
fue el principio del importante movimiento de liberación
femenina. La mujer pudo, entonces, comenzar el conocimiento y
desarrollo de su sexualidad de una manera más auténtica.
Lentamente empezaron a desecharse los tabúes sobre el cuerpo y
su capacidad sexual.
Por la misma época, el
psicólogo Sigmund Freud dio a conocer sus revolucionarias
teorías sobre la sexualidad humana, que conmocionaron la
mentalidad de la sociedad occidental.
Las teorías de Freud
causaron bastante escándalo y consternación. Por ejemplo, las
madres se sobresaltaron cuando el médico vienés afirmó que sus
bebés experimentaban deseos sexuales con el contacto de sus
pechos. Los machistas se enfurecieron al escuchar que sus
conductas ocultaban tendencias homosexuales inconscientes.
Lo positivo fue que
estas explicaciones de la conducta condujeron a una verdadera
revolución sexual. Hombres y mujeres comenzaron a preocuparse
por entender mejor el desarrollo de sus capacidades y
habilidades sexuales.
Las dos guerras
mundiales detuvieron temporalmente la preocupación de los
científicos por redescubrir el cuerpo y sus posibilidades
eróticas. Estaban dedicados a la investigación bélica. Por el
contrario, la incertidumbre de la guerra no redujo sino aumentó
la permisividad sexual en la sociedad, que a corto plazo
propiciaría la liberación conceptual sobre el sexo.
A partir de la
posguerra el interés por las técnicas sexuales creció a un ritmo
sorprendente. En primer lugar, los interesados acudieron a las
versiones de libros legendarios como el Kama Sutra y el Tantra.
Luego de milenios, estos tratados eróticos se convirtieron en
auténticos best-sellers modernos.
Poco después se dieron
a conocer las investigaciones modernas que permitieron el
nacimiento de la sexología como ciencia. Entre estos estudios
destacan, por sus revelaciones y su popularización mundial, los
que realizaron los doctores William H. Masters y Virginia
Johnson, Helen S. Kaplan, Shere Hite, Alfred Kinsey y Wilhelm
Reich, entre otros. Tales estudios aparecieron entre 1920 y
1980, y han sido revisados y ampliados considerablemente desde
entonces, además de imitados. La década de 1960, con sus
movimientos juveniles de transformación política, económica y
ética, trajo un cambio decisivo. La sexualidad se consideró
desde entonces como una cualidad única del ser humano para
lograr una unión anímica y física con sus semejantes. Cambió
así, sustancialmente, la actitud de las sociedades hacia el
conocimiento de la sexualidad y sus manifestaciones.
Durante esa década la
educación sexual fue introducida en las escuelas de Occidente.
Los niños, como en la Grecia y el Oriente antiguos, pudieron
recibir una necesaria instrucción sobre la sexualidad y sus
consecuencias en la edad adulta.
En nuestros días, la
manifestación de la sexualidad ocupa un lugar importante dentro
de la vida cotidiana. El cuidado por desarrollarla en forma
libre y plena se hace cada vez más evidente y necesario en la
civilización moderna.
El tema del desarrollo
sexual y de una factible educación sexual preocupa y ocupa tanto
a padres, docentes como a los profesionales. Tres posiciones
bien diferentes respecto del niño o adolescente con déficit
mental y una educación que debiera ser en conjunto y acordada.
Pese a que existe
consenso sobre la conveniencia de una educación sexual, las
actitudes de marginación por parte de la comunidad ante la
sexualidad de las personas con discapacidad están estrechamente
relacionadas con las formas como se concibe la discapacidad por
un lado, y a la sexualidad por el otro, es decir: el
convencimiento cultural que hay respecto de la sexualidad y
discapacidad, rodeándola de mitos y tabúes.
¿Qué es un mito?
Mito: relato similar a
la leyenda tradicional, creado anónimamente en el seno del
pueblo y, por lo tanto, expresión del sentir colectivo.
Es una narración
construida y transmitida a través de generaciones.
Los mitos y prejuicios
forman parte del imaginario social y por lo tanto, dictaminan el
comportamiento esperado, el cómo debe ser para cada individuo
según el grupo etario al que pertenece.
Mito sexual: falsa
verdad con fuerte arraigo popular, que se transmite
generacionalmente y que crea sentimientos negativos para el
disfrute sexual. En tal sentido, el pensamiento mítico se opone
al pensamiento científico.
Tabú: palabra de origen
polinesio, muy usada en antropología (ver) y psicología.
Significa prohibición. La violación de un tabú es algo más que
la violación de algo prohibido. Implica también el casi seguro
castigo de alguna divinidad o autoridad mágica.
Los tabúes son las
leyes primitivas de los pueblos cuyas culturas aún viven en un
período de desarrollo no avanzado en algunos aspectos.
Los tabúes sexuales son
numerosos y están estrechamente ligados con los mitos o
creencias.
Algunos mitos acerca de
la sexualidad en las personas con disminución en sus facultades
mentales:
1) Las personas con
discapacidad intelectual no
pueden controlar los impulsos sexuales.
Debemos partir de que
la sexualidad en niños con déficit se desenvuelve del mismo modo
que en el resto de los niños, por lo cual debemos tratarlos de
la misma manera.
Nuestra postura como
padres, educadores, consejeros no debe ser de sobreprotección,
sino de respeto a cada niña o niño. Al margen de sus
impedimentos físicos, ha de ser tratado como persona y ha de
tener derecho a que su vida transcurra en un ambiente que
enriquezca su autoestima. Puede que a ellos les cueste más el
proceso de interiorizar lo correcto-incorrecto,
aceptable-inaceptable. Estos niños y niñas necesitan una mayor
cantidad de experiencias y un esfuerzo extra de sus padres y
maestros para poder adquirir dichos esquemas, pues,
precisamente, su discapacidad intelectual
bloquea esos procesos de
generalización que permiten que los demás niños sí puedan
adquirirlos. Por ese motivo es que si estamos hablando de que es
indispensable una educación sexual integral para los niños que
no presentan discapacidad mental, con más razón resulta
indispensable una educación que ayude a asumir y comprender de
manera positiva su sexualidad a los niños con esta clase de
discapacidad. Pero no por ello vamos a generalizar, que no
controlan sus impulsos sexuales. Por lo cual es importante
inculcar en estos niños y niñas los conceptos de conductas
públicas y conductas privadas (sin agredirlos por manifestar su
curiosidad sexual, respetándolos por manifestar sus
inquietudes). Así estarán en mejores condiciones de enfrentar
las demandas sexuales que aparecen en la adolescencia.
Sabemos que los padres
de niños o niñas con discapacidad intelectual suelen atravesar por
varias etapas: negación (no aceptan que su hijo o hija tenga esa
discapacidad), rechazo, duelo y aceptación.
En el caso de niños y
adolescentes profundos, puede suceder que sus demostraciones
sexuales las realicen sin ningún pudor, ya que su nivel de
conceptualización no les permite adquirir normas impidiendo la
adquisición también de conocimientos, y muchas veces el freno
inhibitorio, en niños profundos falla.
2) Que si se produce un
embarazo, el hijo heredará el trastorno.
Si bien puede
considerarse un mito, hay trastornos del desarrollo congénitos
que sí son heredables.
También hay evidencias
científicas que enfermedades mentales como la psicosis tienen un
componente orgánico importante y éste puede ser heredado.
Existe la posibilidad
de que nazca un niño sin patología alguna, de una persona por
ejemplo con síndrome de Down, o de una persona con retraso
madurativo.
3) Que cualquier
contacto físico puede despertarles deseos sexuales (por eso
muchas personas evitan acercarse o manifestarles afecto).
Lo que sí hay que saber
es que existe la sexualidad infantil y sus experiencias van
construyendo su mapa de amor, que será la manera de amar y
buscar su propio placer. Acá no hablamos de relación coital,
pero sí del placer sexual: erecciones, orgasmos, deseo,
excitación, fantasías, autosatisfacción, y esto también ocurre
en personas con déficit mental.
4) Una persona con
discapacidad intelectual no tiene interés por lo erótico.
Tal vez no puedan saber
acerca del erotismo como concepto, pero sí se erotizan con
imágenes que ven en diferentes programas de televisión o en
revistas. Y gustan y disfrutan de ver programas como "Patinando
por un sueño" o "Bailando por un sueño", donde pueden tener a su
alcance el cuerpo femenino y masculino en forma bien visible, lo
que les provoca erecciones, comentarios risueños y deseos
sexuales.
5) Son como niños, por
lo tanto no tienen necesidades sexuales.
Debemos recordar que
los caracteres biológicos, anatómico fisiológicos, que dan
soporte a la sexualidad están presentes y se desarrollan en las
personas con retraso mental de la misma manera que ocurren en
cualquier adolescente.
La sociedad siente
cierta incomodidad si piensa en que las personas con
discapacidad intelectual
tienen derecho a vivir su sexualidad. A
veces les incomoda saber que tienen deseos, que sienten
atracción y que pueden gustar a otros.
Debemos adaptar nuestra
mente y realizar un cambio en la manera de pensar a la persona
con discapacidad intelectual.
Enfrentarnos con
nuestros miedos, pudores, limitaciones y aceptar que pueden
tener intercambios sexuales sabiendo que la sexualidad es mucho
más que el acto coital. No debemos dejar reducida la sexualidad
al espacio genital. La sexualidad son besos, caricias, abrazos.
En algunas escuelas
especiales han comenzado a implementarse talleres de
capacitación para docentes, quienes luego elaboran programas a
desarrollar de acuerdo a las necesidades de los grupos de niños
y adolescentes.
La traba muchas veces
ocurre cuando algunos padres tienden a sobreproteger a sus hijos
ignorando sus necesidades sexuales. Y prefieren no tocar el
tema.
Socialmente se percibe
la persona con discapacidad intelectual como alguien a quien le cuesta adquirir
conocimientos académicos, por lo que se piensa que menos podrá
recibir información respecto del tema "sexualidad".
Las limitaciones al
derecho de llevar una vida sexual activa dependen del nivel de
su déficit y en el cómo será su capacidad o incapacidad para su
inclusión social y laboral y la posibilidad de entablar una
relación adecuada de pareja.
La educación sexual
debe tener en cuenta la planificación de los recursos
disponibles para asegurarle un aprendizaje en la medida de sus
posibilidades.
En la película "Mi
nombre es Sam", se puede observar la manifestación de conductas
sexuales adultas de parte del protagonista, quien posee una
disminución mental, y que por haber mantenido un encuentro
íntimo con relación coital se convierte en padre, con todas las
implicancias que la situación conlleva. El tema planteado pone
de manifiesto la necesidad de educar e informar.
Debemos trabajar en
conjunto y saber de las diferentes opiniones y posturas de los
padres, docentes y profesionales, ante las posibilidades de la
expresión sexual, así como los objetivos que se proponen para su
educación sexual y los valores en los que ésta se debe inspirar.