INTELIGENCIA EMOCIONAL

“La otra cara de la Inteligencia”

Prof. María Marta Castro Martín

 

        El concepto de inteligencia emocional ha cobrado gran relevancia puesto que se atribuye como un elemento aún más determinante que el coeficiente intelectual en el éxito y felicidad de las personas.

Según la teoría de Daniel Goleman, un 80 por ciento del éxito, radica en el buen manejo de las destrezas emocionales.

¿Cómo explicar que persona con un alto coeficiente intelectual y destacadas calificaciones muchas veces no tengan éxito en diferentes ámbitos de la vida, como el profesional, familiar o amoroso?

La respuesta podríamos encontrarla en un aspecto de la inteligencia, denominado Inteligencia Emocional.
Tradicionalmente se consideró un alto nivel de coeficiente intelectual como pronóstico de éxito en la vida. Pero Daniel Goleman, doctor en filosofía de la Universidad de Harvard, plantea una revolucionaria teoría en la cual sostiene que éste sólo tiene un 20% de incidencia en dicho éxito, mientras que el 80% restante radicaría fundamentalmente en destrezas emocionales y otros factores circunstanciales. 

El  experto norteamericano en terapias infantiles Lawrence E. Shapiro en su libro “La inteligencia emocional de los niños”, destaca la necesidad de reforzar determinadas capacidades emocionales en los infantes. 
Según este último, los niños no siempre desarrollan en forma espontánea las cualidades emocionales y capacidades sociales que los convertirán el día de mañana en adultos responsables, apreciados y felices.

Tal como se les enseñan las matemáticas, el alfabeto o la historia, también necesitan que los padres desde pequeños los ayuden a formar su carácter y a desarrollar las once cualidades básicas que se relacionan con la inteligencia emocional: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, autocontrol, capacidad de adaptación, independencia, simpatía, capacidad de resolver problemas en conjunto con otros, persistencia,cordialidad, amabilidad y respeto.

Hoy en día existe gran consenso que las capacidades intelectuales y emocionales se relacionan con la cantidad y forma en que se producen conexiones neuronales en el cerebro. 

Su número y calidad no dependen exclusivamente del aspecto genético sino fundamentalmente de la interacción con el medio. De allí la importancia que los niños sean estimulados desde chicos, ya que a partir de los diez años el cerebro elimina las conexiones más débiles, conservando aquellas que han sido fortalecidas a través de la experiencia

La Inteligencia Emocional, como toda conducta, es transmitida de padres a niños, sobre todo a partir de los modelos que el niño se crea. Tras diversos estudios se ha comprobado que los niños son capaces de captar los estados de ánimo de los adultos (en uno de estos se descubrió que los bebés son capaces de experimentar una clase de angustia empática, incluso antes de ser totalmente conscientes de su existencia

 Los padres, que manifiestan la ternura y el amor, producen efectos muy positivos en sus hijos. En lo cognitivo, estos serán alumnos más eficaces, con mayor concentración y con menores interferencias afectivas. 
En el plano social, causarán una mejor impresión, serán más hábiles para relacionarse y, por lo general, más populares. Biológicamente, incluso, presentan niveles más bajos de hormonas de estrés.

Shapiro a su vez recomienda a los padres jugar mucho con sus hijos pequeños sin utilizar esos espacios para darles instrucciones, sino hacer de ellos momentos compartidos libres
 de juicios y presiones

Bibliografía :consultada

Steiner, C. 1998.La Educación Emocional. Buenos Aires: Avon    Books.

 

 

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