INTELIGENCIA SENSORIAL

Con su inteligencia el hombre sabe.-o cuando menos intenta saber- lo que son las cosas reales. Estas cosas están "dadas" por los sentidos. Pero los sentidos no nos muestran lo que son las cosas reales. Este es el problema que ha de resolver la inteligencia y sólo la inteligencia. Los sentidos no hacen sino suministrar los "datos" de los que la inteligencia se sirve para resolver el problema de conocer lo real. Lo sentido es siempre y sólo el conjunto de "datos" para un problema intelectivo.


Nos preguntamos: ¿está ausente de lo sensible el momento de realidad? Porque lo primero en que se piensa, con razón, es en que si los datos sensibles no poseyeran el momento de realidad ¿de dónde lo iba a sacar la inteligencia? Tendríamos con la inteligencia "ideas", pero jamás la realidad. Y es que el vocablo y el concepto de "dato" es manejado en esta concepción con una singular imprecisión. La función de lo sensible no es plantear un problema a la inteligencia, sino ser la vía primaria de acceso a la realidad. Lo sentido es dato de la realidad. Entonces se plantea inexorablemente la cuestión de en qué consiste el carácter de estos datos; esto es, cuál es la estructura esencial de la sensibilidad humana.
Como datos de la realidad, se nos dice, los datos son "intuiciones". Sentir es formalmente intuir. La inteligencia entra en juego precisamente para entender lo que intuimos y hasta lo que no intuimos, pero ¿qué se entiende aquí por intuición?
Desde los tiempos de Platón y de Aristóteles, lo que llamamos intuición sensible se ha considerado como un conocimiento. En la intuición el objeto está inmediatamente presente sin la mediación de otros factores tales como las imágenes, los recuerdos, los conceptos, etc. La intuición sería el conocimiento por excelencia, La inteligencia es, entonces, el sucedáneo conceptual que elaboramos para conocer aquello de que no tenemos intuición.


 ¿Qué es, pues, lo sensible de nuestra intuición? Lo sensible de nuestra intuición está en este momento de impresión.
Impresión es, por lo pronto, "afección". El objeto afecta físicamente a los sentidos. Cuando Aristóteles quiere establecer una diferencia entre la inteligencia y el sentir caracteriza a la inteligencia como algo "inafectado", "impasible". La inteligencia puede ser pasiva pero es impasible, no sufre afección física como los sentidos. Ahora bien, ¿cuál es la estructura de esta impresión así entendida? Por lo pronto nos encontramos con lo que aparentemente es lo más problemático de ella: lo que llamo su contenido específico. Es lo que en cada caso y en cada momento nos ofrecen los sentidos de lo que son las cosas. El empirismo lo llamó "cualidades secundarias". Y a ellas dirigió su implacable crítica negativa: el color real no es la impresión visual del color, etc. No vamos a entrar aquí en este problema. Pero en el caso del hombre, esto no agota la que llamamos impresión de las cosas. Porque el hombre no sólo siente impresivamente este "verde", por ejemplo, sino que siente impresivamente la "realidad" verde. En el caso de las impresiones humanas, la alteridad en afección no está constituida solamente por su contenido sino también por su formalidad de realidad
Contenido y realidad son dos momentos de una sola impresión: la impresión humana.

En virtud de su sensibilidad, el hombre se encuentra formalmente inmerso en la realidad. El animal tiene también impresiones, pero la alteridad que en ellas se le da es la de algo meramente "objetivo", esto es, distinto e independiente de la afección que sufre. El animal reconoce la voz de su dueño como algo perfectamente distinto de sus afecciones, pero esto no pasa de ser un "signo objetivo" para sus respuestas. La alteridad del animal lo es siempre y sólo de un signo objetivo. Esta objetividad no pasa de ser eso: la independencia respecto de la afección, la objetividad de un estímulo cuya afección como tal se agota en la estimulación por algo distinto del afectado. El animal puede ser y es objetivista, tanto más objetivista cuanto más perfecto sea, pero no es ni puede ser jamás realista. Y esta es la cuestión: el animal no tiene impresión de realidad. Por eso en el rigor de los términos, el residuo de que nos hablan los fenomenólogos es no el contenido determinado de la impresión, sino el momento mismo de realidad. El animal carece de este residuo.


¿Qué es este momento de realidad? En un estímulo, lo estimulante no tiene más carácter objetivo que el de desencadenar una respuesta. Su c
ontenido es sólo de y para una respuesta. En cambio, en la impresión humana el contenido nos afecta como algo que es propiedad suya, por así decirlo, propiedad de aquello que nos muestra la impresión; es, como suelo decir, algo de suyo. Posee como caracteres propios suyos los contenidos de la impresión. Por esto el momento de realidad no es un contenido más, sino un modo del contenido, lo que he llamado formalidad. El momento de realidad no es algo que está allende lo que los sentidos nos dan en sus impresiones. Pero lo que estas impresiones nos dan son las "cualidades" como algo de suyo. Sentimos como impresión de la roca, por ejemplo, algo que en mi sentir mismo se me presenta como siendo ya algo de suyo, la roca de suyo. Este "de suyo" expresa el momento o formalidad de lo real.
Surge inevitablemente la pregunta de qué es la inteligencia humana y su intelección.

Prof. María Marta Castro Martín
Especialista en Estimulación Adecuada-Temprana.

Estimulación Adecuada en el primer año de vida

Curso on-line

"Estimulación Adecuada del Nacimiento a la Adolescencia"

Curso on-line

 INICIO DEL SITIO