El
objetivo fundamental de la educación sexual es proveer a las
personas las destrezas necesarias para su supervivencia y para
su inclusión social, desarrollando al máximo sus potencialidades
físicas y psíquicas. Es encaminarla para conseguir su
autoafirmación y su autonomía e independencia: algo que necesita
la persona con déficit intelectual en mayor medida que otras
personas.
Los objetivos como padres serán que los hijos e hijas aprendan
a conocerse, aceptarse y aprendan a expresar su sexualidad de
modo que sean felices, ser capaces de valorar la sexualidad como
algo importante. Diferenciando la sexualidad de la infancia de
la sexualidad adolescente o adulta y aprender a no “confundir”
la sexualidad infantil con criterios de “sexualidad adulta”.
Desde el nacimiento los niños van pasando por diferentes
períodos evolutivos y en cada uno hay que trasmitir la estima
por todo valor humano auténtico, tanto en las relaciones
familiares como en las sociales, ya que se va formando el
carácter, la autoestima, la vivencia adecuada de los deseos y la
capacidad de respeto y diálogo en las relaciones con los demás.
Entre esos valores están los valores sexuales.
Al hablar de sexualidad hablamos de emociones, sentimientos,
placer, comunicación, ternura, amor, procreación, expresión,
vivencias, relaciones, gestos, miradas...
Todos somos personas sexuadas que nos sentimos de diferente
manera y vivimos nuestra sexualidad según nuestra educación,
creencias, formas de ser, modo de relacionarnos, gustos,
preferencias, etc.
Proponemos a padres y madres que comprendan que para poder
brindar educación sexual basada en el amor, la comprensión y el
respeto hace falta tener predisposición y aprender a hablar de
los diferentes temas relacionados con la sexualidad sabiendo que
no es necesario ser un especialista.
Hay que concienciar “la propia idea de la sexualidad” para
luego avanzar a ideas más amplias.
Reflexionar sobre la educación sexual que cada uno ha recibido y
sobre la que nos gustaría impartir para, así, evitar caer en los
mismos errores. Reflexionar sobre hasta qué punto han podido
mostrar sus sentimientos a sus hijos, hijas y sobre la necesidad
de hacerlo. Reflexionar sobre lo que hace que se sea más hombre
o más mujer para poder llegar a la conclusión de que no hay un
único modo, sino que puede haber tantas maneras de ser como
hombres o como mujeres existen.
Llegar a acuerdos entre ambos padres es fundamental para poder
dar un mensaje claro y efectivo sobre los valores sexuales y las
costumbres familiares.
Proponemos que se piense en las siguientes cuestiones que llevan
a reflexionar sobre el propio sistema de valores sexuales.
Algunos ítems a tener en cuenta en la puesta en común entre
padres, familiares y cuidadores son:
• Cómo me siento si tengo que desnudarme o ducharme frente a
personas de mi mismo sexo en un vestuario.
• Qué opina del uso del lenguaje vulgar al hablar de sexo.
• Qué piensa de la masturbación.
• ¿Es malo que un niño se toque?
• ¿Qué hacer? ¿Conviene decirle algo? ¿Es mejor dejarlo, a ver
si se le pasa?
• Qué piensa de las demostraciones afectivas de una pareja en
público
• Su opinión de las relaciones sexuales en el seno de una pareja
casada o de novios.
• Qué consideración le merecen las relaciones homosexuales
• Dentro de un encuentro sexual, ¿cuáles son las prácticas que
considera inaceptables?
Charlar entre la pareja de padres, con familiares cercanos y
personas que cuidan o asisten al niño o adolescente, será de
mucha ayuda a la hora de ponerse de acuerdo sobre la transmisión
de valores
Escuchar y dialogar entre los integrantes de la pareja de
padres, para luego poder tener una mejor manera de enseñarles a
los hijos a escucharse y a no tener miedo o vergüenza de sí, de
lo que tienen dentro. No se trata sólo de escuchar sus palabras,
sino también sus gestos o sus juegos. La escucha y la empatía
les ayuda a desatascar sentimientos, entender qué les pasa y
encontrar la manera de situarse ante las situaciones difíciles
sin imponerse pero sin negar lo que realmente sienten.
Ejemplos
de escucha
Ejemplo 1: Una niña ve una escena en televisión en la que una
pareja se besa. Su madre está delante y, para disimular la
tensión que esa escena le genera, la nena empieza a hablar de
otras cosas. La madre ni se ríe de la situación ni le dice que
no tiene por qué sentirse así. Simplemente deja pasar el tiempo,
hasta que encuentra un momento en el que ambas están
especialmente a gusto para contarle el pudor y la vergüenza que
ha sentido a lo largo de su vida cuando ha visto escenas de
amor.
De esta manera, le hará saber a la niña que entiende lo que
siente y le dará la oportunidad de que hable de lo que le pasó
ese día, si ese es su deseo.
Escuchar es un proceso que no se da de una vez para siempre. Los
niños y las niñas cambian constantemente, viven nuevas
experiencias y sensaciones.
Ejemplo 2: Un varón, al ver una película de amor decía “van a
hacer el amor” y, cuando la pareja protagonista se besaba decía:
“¡Miralo, te lo dije!”. Para él besar y “hacer el amor” eran
sinónimos. Más adelante puede ver la misma escena y decir “van a
coger”. De algún modo, él sabía que esa palabra remite a algo
más duro que “hacer el amor” o besarse. De hecho, algunas veces,
puede acompañar el sonido de esta palabra con determinados
gestos en la almohada. Es más, este niño, como otros muchos, ha
relacionado su masculinidad y con lo que rodea la palabra
“coger”. Y todo esto lo ha ido aprendiendo por imitación y, por
eso, probablemente no termina de comprender que, cuando se
expresa así, hace referencia a encuentros sexuales en los que no
se tienen en cuenta los sentimientos y necesidades de la otra
persona.
Entender el sentido y el significado de cada palabra que usan,
les da una mayor capacidad para imaginar y nombrar lo que
quieren realmente vivir y no quedarse en simples ensoñaciones.
Se trata de partir de sus palabras, de sus vivencias y de sus
inquietudes para estructurar la información y organizar su
conocimiento.
En la escucha es fundamental entender qué significados dan a las
palabras que usan. Qué nos quiere decir, por ejemplo, una niña
cuando dice “Martín es mi novio”. Probablemente esté dando a la
palabra “novio” unos significados diferentes a los usados por
los adultos, esté haciendo referencia al juego que ella juega
con Martín, un juego que le permite ensayar e imaginar qué es
una pareja.
Cuando dicen palabras o expresiones que han escuchado de sus
mayores, es necesario ayudarlos a incorporarlas a su propio
lenguaje de un modo claro, sin confusiones. Por ejemplo: si una
niña dice que su hermana está en la edad del pavo, preguntarle
‘¿qué es eso de la edad del pavo?’ es un modo de ayudarla a
decir realmente lo que quiere decir.
Si su nivel madurativo lo permite, orientarlos a escribir un
diario íntimo, que les va a permitir canalizar ansiedades,
conectar las fantasías con la realidad e inhibir las actuaciones
sexuales agresivas.
También es bueno alentarlos a dibujar, modelar con plastilina,
dar todos los medios posibles de expresarse.
Acompañarlos, darles seguridad, ponerles límites que les den
cauce a sus sentimientos, alentarlos en sus nuevos
emprendimientos, será el modo.
Algunas
de las inquietudes más frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre el amor y el sexo?
El amor:
El amor es una emoción. No hay una definición correcta para
todos. El amor es una emoción que se trata del romance y
atracción.
El sexo:
El sexo es un evento o acto físico. Hay muchos tipos diferentes
de sexo, pero todos los tipos de sexo tienen algo en común.
Puede que haya penetración o no.
El sexo puede ocurrir entre un hombre y una mujer, entre dos
mujeres, entre dos hombres, entre más de dos personas o con uno
mismo (la masturbación).
¿Por qué se siente vergüenza al estar enamorado?
A veces un chico puede tener vergüenza de que le descubran una
carta de amor. Sobre todo porque algunos compañeros se burlan
cuando saben que les gusta alguien o está un poquito enamorado.
Pero la verdad es que se ríen más cuanto más se avergüenzan. Hay
que demostrar sentirse orgullosos de que les guste una chica y
que no tiene porque sentir vergüenza de sentir cosas lindas por
otra persona. Quizás lo bueno sea enseñarles a demostrar que no
deben molestarse que los descubran, que son sensibles y capaces
de querer a alguien.
Todas las personas tienen derecho a una sexualidad y afectividad
que facilite la realización de la vida, sin ser por esto
juzgados ni discriminados. Construir socialmente las condiciones
de posibilidad para la aceptación de todas las posibilidades
afectivas, y darse cada una la oportunidad de explorar la propia
sexualidad más allá de mandatos y estereotipos. La sexualidad es
el motor de la vida, y como tal debe ser pensada.